A una década de la muerte de Juan Gabriel, sus amigos recuerdan a Alberto Aguilera Valadez como un hombre cálido, generoso y cercano, distinto de la figura pública que conquistó escenarios durante más de cuatro décadas. Aida Cuevas y María Luisa Arcaraz evocan al artista que daba consejos, animaba las reuniones familiares y mantenía una relación estrecha con quienes formaban parte de su círculo íntimo.
El cantautor murió el 28 de agosto de 2016, a los 66 años, en Santa Mónica, California. En este décimo aniversario luctuoso, su legado continúa presente mediante homenajes, producciones audiovisuales, lanzamientos discográficos y actividades dedicadas a recordar su trayectoria y su impacto en la música mexicana.
El Alberto que conocían sus amigos
Para Aida Cuevas, Alberto era una persona de pocas palabras, pero capaz de ayudar de manera sincera cuando alguien lo necesitaba. La cantante recuerda que él solía darle ánimo y reconocer sus cualidades, algo que la motivaba a continuar con su carrera.
“Usted puede, mi reina”, le decía Alberto Aguilera a Aida Cuevas para brindarle aliento.
Además de la amistad, ambos compartieron un vínculo familiar. Juan Gabriel fue padrino de Rodrigo, hijo de Aida Cuevas, y se mantenía pendiente de él. Esa cercanía permitió que Alberto estuviera presente en comidas, celebraciones y momentos privados alejados de la atención pública.
María Luisa Arcaraz también describe una relación construida durante décadas. Su madre, María de la Paz Arcaraz, fue representante de Juan Gabriel durante los años setenta, por lo que la convivencia entre ambas familias se volvió constante y estrecha.
“Fue un gran amigo, casi hermano”, recuerda María Luisa Arcaraz sobre Alberto Aguilera.
Dentro de ese entorno familiar surgió el apodo de “nene”, utilizado como una expresión de cariño y confianza. Para sus allegados, ese nombre representa al hombre que disfrutaba las reuniones, se reía con facilidad y compartía una faceta íntima que pocas veces aparecía frente al público.
Una obra que mantiene vigente su memoria
Felipe Rojas Portillo, director del museo y de la fundación Juan Gabriel, considera que Alberto Aguilera habría recibido con gratitud los homenajes realizados después de su muerte. Durante 2026, distintas iniciativas han vuelto a colocar su nombre en espacios culturales y conmemorativos, mientras sus canciones permanecen como parte del repertorio popular mexicano.
Sus amigos prefieren hablar de esa dimensión personal: del padrino atento, del hombre que ofrecía palabras de ánimo y del amigo que construyó vínculos duraderos. A 10 años de su partida, Juan Gabriel permanece en la memoria colectiva por su música, pero también por los recuerdos de quienes conocieron a Alberto.

